Niños de la calle / Street children

Canción para un niño de la Calle (Mercedes Sosa, René Pérez -Calle 13-)

Con el preámbulo de Mercedes Sosa y aprovechando las vísperas de Todos Santos (festejo durante el cual se recuerda a los muertos y posteriormente se festeja los vivos), me pareció apropiado aprovechar la oportunidad para recordar a los niños de la calle.Muchos niños han vivido y muerto en las calles del mundo y de Latinoamérica. Yo puedo contar un poco sobre los niños de la calle de mi ciudad Cochabamba (Bolivia).

Algunos son niños trabajadores; lustran zapatos, limpian o cuidan autos, o venden cigarrillos y dulces en la calle, trabajan para apoyar la economía muy deprimida de sus familias. Otros son niños indígenas que mendigan en la calle con las caritas sucias y en sus trajes típicos, sólo temporalmente residentes de nuestras calles, acompañados de su mamá y hermanitos, forman parte de grupos de campesinos indígenas que migran temporalmente a la ciudad para ayudar a mantener la economía de su comunidad.

Otro es el grupo de los niños de residencia permanente en nuestras calles, niños que huyeron de sus hogares, orfanatos u otras instituciones; andan en grupos de niños que se apoyan, cuidan y defienden entre ellos, andan con ropa sucia y rota y sobreviven con lo que mendigan o roban. Suelen andar con la mirada perdida, como dormidos, niños cleferos, acostumbrados a oler goma de zapatero.

De adolescente no me parecía raro (si injusto y triste) si al tomar el micro, en el asiento del fondo había un grupo de niños pasándose la clefa con entusiasmo, en medio de sus juegos infantiles. Sí me tocó el corazón profundamente cuando vi a una niña que cuidaba a su hermanito, de tal vez dos o tres años, y que de no saber como más consolarlo le acercó la naricita a su tarro de clefa con mucho cariño mientras la cantaba para que se calme.

Con los años la situación ha empeorando, cada vez hay más niños en la calle y entre ellos ahora también hay niñas, que pronto se vuelven madres, madres niñas, ellas mismas desnutridas y dependientes de la clefa. Así recuerdo haber visto nacer en mi ciudad, hace mas o menos 10 o 12 años atrás, a la primera generación de niños nacidos en la calle.

Desde que tengo memoria los niños de la calle formaron parte del paisaje de mi ciudad, todos sabemos donde andan, donde duermen, cuan vulnerables son, quienes les ayudan cuando necesitan una mano, cómo hablarles cuando nos piden plata o nos asaltan, cómo los extorsiona la policía. Sabemos quienes son los líderes, quienes son buena gente, quienes ya se perdieron a las drogas y quienes podrían todavía hacer algo con su vida; quienes ya estuvieron embarazadas antes e incluso cuantas veces, me pregunto si alguien sabe con certeza que pasa con esos bebes de la calle.

Con el tiempo los niños de la calle crecen, se vuelven jóvenes y adultos. Me pregunto donde llegan a parar pues de repente ya no son niños y entonces no se los ve más, tal vez es que ya no se los nota tanto. Personalmente conozco dos casos de niños que dejaron las calles. Uno era un niño con labio leporino que mendigaba en el restaurante donde almorzábamos en familia los domingos cuando era niña. Con su  perseverancia y buen ánimo logró que un grupo considerable de familias le apoyara regularmente y así ayudó a pagar diversas operaciones que le corrigieron el semblante. Recuerdo la última vez que lo vimos, estaba contento, todo crecido, casi adulto. Venía a despedirse y agradecer a mi papi por su ayuda y apoyo todos esos años, se iba de viaje a Estados Unidos con ayuda de unos doctores.

El otro es un caso de hace mucho tiempo atrás, pero mucho más cercano a mí. Es la historia de un niño mestizo nacido de la unión ilegítima entre su padre, de familia con dinero y hacienda, y su madre, una campesina sirvienta de la hacienda. A pesar de ser muy querido por su abuela paterna, que le dio su apellido y lo crio como suyo, al cumplir edad “laboral” -probablemente alrededor de los 8 años-, este niño, con el consejo y la bendición de su abuela, decidió abandonar su hogar pues, debido a su linaje, de quedarse se vería sometido a una vida de trabajo forzado, como servidumbre (en esta época Bolivia se manejaba bajo un sistema feudal, en el que el ciudadano blanco era ciudadano de primera clase y los campesinos no tenía permitido el acceso a las ciudades más que para trabajar como servidumbre o para entregar productos provenientes de las haciendas). En fin, este niño terminó viviendo y trabajando en la calle por voluntad propia. Viajó mucho; nació en los Yungas (Bolivia) y llegó hasta la ciudad de Lima (Perú), donde trabajó como cargador en el puerto. Pasaron lo años y no conozco la historia del medio, pero finalmente en Bolivia se convirtió en un hombre respetado, un hombre de familia, educado y pudiente, admirado por muchos. Manejó uno de los primeros coches a motor de la ciudad y todos sus hijos, sin distinción de género, estudiaron en la universidad.

Tengo el honor de conocer de cerca a una mujer extraordinaria que ha entregado sus mejores años y toda su paciencia (lastimosamente sin retorno ni devolución) al cuidado de la salud de los niños de la calle de mi ciudad. Espero que mi querida amiga se anime y tenga tiempo para contarnos en algún momento un poco sobre su vida y sus experiencias con los niños de la calle. Ya les mantendré al tanto.

A los que llegaron hasta aquí les agradezco por el interés y la paciencia. Si alguien tiene interés en compartir alguna experiencia propia o quisiera dejar algún comentario o crítica, sus aportes serán valorados. ¿Tú conoces la historia de algún niño de la calle?

Yo he llorado a moco tendido traduciendo Canción para un niño en la calle” de Mercedes Sosa y René Perez y con el video de “la niña de los fósforos” basado en la historia navideña de Hans Christian Andersen sobre una niña que vive y muere en la calle (que les pongo a continuación). Agradezco la oportunidad pues ha sido terapéutico.

With Mercedes Sosa as preamble and because it is the eve of “Todos Santos” (which is festivity to remember the dead and afterwards celebrate the living), it seemed appropriate to take the opportunity to remember the children of the street. Many children have lived and died in the streets of the world and Latin America. I can tell a little about the children of the street in my home city, Cochabamba (Bolivia). 

Some are working children; they polish shoes, clean cars or keep an eye on them, or sell cigarettes and candy on the street to contribute to the very depressed economy of their families. Others are indigenous children that beg on the street with their little faces full of dirt wearing their traditional costume; together with their mum and siblings they belong to groups of indigenous farmers that migrate temporarily to the city to help support their community.

Another is the group of children with permanent residency in our streets, children that ran away from home, orphanages or other institutions; these are homeless children that hang around in groups that support, take care and protect each other, they wear dirty old clothes and survive with what they beg or steel. They sometimes wander with a lost gaze, as if asleep, known as “cleferos”, they have gotten used to sniffing shoemaker’s glue.

As a teenager I didn’t find it strange (unfair, sad, yes) if, when taking the public transport, at the back of the bus there was a group of children passing each other the glue with enthusiasm, in the middle of their childish play. It did touch my heart deeply once, when I saw a girl taking care of her little brother, who was maybe two or three years old, and not knowing how else to comfort him, she pressed his little nose into her glue tin, very carefully while she sang to soothe him.

Since then things have gotten worse, each year there are more children in the street, and amongst them,  now there are also girls, which soon become mothers, child mothers, malnourished themselves and glue dependant. This is how I remember having seen the birth in my city, around 10 or 12 years ago, of the first generation of children born in the street. 

Ever since I can remember street children have formed part of the landscape of the city I grew up in, we all know where they hang about, where they sleep, how vulnerable they are, who helps them when they need a hand, how to talk to them when they ask for money or mug us and how police sometimes extort them.  We know who the leaders are, which ones are good people, we can tell the ones that have been lost to drugs already and the ones that could still make something of their lives; which ones have already been pregnant and even how many times, I wonder if anyone knows with certainty what happens of the babies from the street.

With time street children grow up, they become youth and adults. I wonder what becomes of them because it seems that suddenly they are no were to be seen, maybe it’s just that we don’t notice them as much anymore. Personally I know of two cases of children that left the streets. One of them was a child with harelip that used to beg at the restaurant were my family used to have lunch on Sundays when I was a kid. With his perseverance and good spirit he managed to secure the regular support of several families and this way he was able to help finance several operations that corrected his features. I remember the last time we saw him, he was content, all grown up almost an adult. He came to say good bye and thank my dad for his help and support all those years, he was going to the US with help of some doctors.

The other case I know of is from long ago, but much closer to me. It’s the story of a “mestizo” child born of the illegitimate union between his father, of a family with money and land, and his mother, a servant at the family’s estate. Although he was very loved by his paternal grandmother, who gave him her name and cared for him as her own, when he reached “working” age -probably around the age of 8-, this boy, with advice and blessing from his wealthy grandmother, decided to abandon his home for, due to his lineage, staying would have meant to be forced to work as a servant (at this time the rural area in Bolivia was managed in a feudal system, in which white people where considered first class citizens and mixed and indigenous people were only allowed access to  the city to work as servants or to deliver produce from the estates). So this boy ended up living and working in the street by his own choice. He traveled a lot; he was born in Yungas (Bolivia) and reached the city of Lima (Perú), where he worked as a loader by the dock. Years went by and I don’t really know the middle part of the story, but in the end he became a respected man in Bolivia, an educated and prosperous family man, admired by many. He owned one of the first motorised cars in town and all his children, regardless of sex, went to university.

I have the honour of knowing an extraordinary woman that has devoted her best years and all of her patience to the care of the health of street children of my city. I sincerely hope that my dear friend feels up for it and manages to find a little spare time at some point, to tell us a about her life and her experiences with street children. I’ll keep you posted.

To those who made it all the way thanks for your interest and patience. If anyone would like to share an experience of their own or leave a comment or critic, your contributions will be very much appreciated. Do you know the story of a street child?

I cried my eyes out translating “Song for a street child” from Mercedes Sosa and René Perez, and with the video of “the little match girl” based on Hans Christian Andersen’s Christmas story about a girl that lives and dies in the street (which is a the end of this post). I am grateful for the opportunity, it has been therapeutic. 

La niña de los fósforos / The little match girl 

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4 Responses to Niños de la calle / Street children

  1. No conozco a ninos de la calle pero estoy contenta de que la vida de algunos de los que conoces mejoro’ mucho y tuvieron la oportunidad de perseguir a sus suenos!

  2. Pingback: Making it fair | Natural Charms

  3. Pingback: Let’s make blue a technicolour | Latin-American Women Wear Earrings

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